No sé si empezar esto con un hola, con un qué tal, o directamente voy al grano. Tampoco sé hacia dónde. No sé ni siquiera qué quiero decir. Y realmente a nadie le importa. Menos a ti. Lo sé, da igual. Han pasado varios años desde aquella vez. Recuerdo todo lo que ocurrió. No te culpo, ¿sabes? Ya ni siquiera sé si he sido yo la causante de todo. Ya no sé nada. Pero sigue doliendo. Sé que esto no lo sabes, pero fue la primera y última vez que lloré delante de ella. Y que desde entonces estoy rodeada de gente, pero me encuentro sola. Paso, da igual, esto es una mierda. No sé ni qué pretendía con esto. No lo he conseguido. Como tampoco conseguiré todo lo que me proponga. Gracias a ti. Ya no lo sé. Sólo que te echo de menos.
domingo, 6 de noviembre de 2011
sábado, 5 de noviembre de 2011
Cinco de noviembre.
- ¿Cómo puedes haberte convertido en una persona tan importante para mí cuando no sé casi nada sobre ti? No sé dónde naciste, quiénes son tus padres o si tienes hermanos. Ni siquiera sé qué aspecto tienes.- Hay un rostro debajo de esta máscara, pero no soy yo. Esa máscara no me representa más que los músculos o los huesos que hay debajo.
Corre. Sal ya. No importa el aspecto que tengas. No importa cómo te encuentres, si llueve, si la gente se interpone en tu camino. No los escuches. Sigue recto. Cierra los ojos y déjate llevar. Y, ahora que has llegado, cógelo. Sube, siéntate y piensa. Dos situaciones, dos caminos. ¿Y si no lo hubieras hecho? ¿Los ves? ¿Los ves ahí, sentados, bajo el amanecer? Son ellos, sí. No, no eres tú. Tranquilo, sólo es una visión. Al fin y al cabo, no lo hiciste, lo perdiste, la perdiste y chocaron. Una colisión. Volvamos al presente. No te preocupes, sólo ha sido un bache. Cuando llegue el momento... Bueno, no dejes que te domine. Ya sabes a lo que me refiero. Pasan las horas. Despiértate a su lado, despiértala con un beso y sonriéle. Ahora, sólo una cosa más: olvídate de cogerlo.
domingo, 9 de octubre de 2011
London, part V. The end.
Madrugar como todos los días. Joder, ¿nadie ha pensado traer las persianas a este mundo? Bueno, provisiones de hoy: con la camiseta de Fernando Alonso me basto. Recorramos el mundo adelante para encontrar un bar donde televisen la carrera. Maldita sea, cuarenta mil paradas de metro, paseos y paseos y ni rastro. Estos ingleses son muy cultos. ¿Ni una puta tele? ¿Y ahora qué hacemos? Dios, mira que yo no me puedo perder ni una carrera... Nunca ha ocurrido. Y nunca ocurrirá. Volvamos al hostal, corriendo, pitando, cagando hostias. Que me lo pierdo, que me lo pierdo. Y entras en la sala y ahí está. Ah, joder, sí. Fuck yeah. Y varios jóvenes de nuestra edad sentados mirando el televisor. De fondo se les escucha hablar en millones de idiomas. Tele estropeada. ¡DIOS NO! "Coño, ¿sois españoles?" Nosotras también. "Somos de Hamilton" Bah. "Y sois vascas majas" Y nada, a entablar amistad. Al día siguiente, en la puerta, uno de ellos me reconoció y me guiñó un ojo. Personaje adorable. Bien, carrera vista, no sin problemas en la televisión. Paseemos pues, no vale encerrarse.
Quiero ver a Squirtle, he dicho. Mira, a ese le pondré el nombre de Myrtle. Y tropecientas fotos. Y la puta vasca corriendo ella sola detrás de las ardillas. ¿Os he hablado alguna vez de mis tres años mentales? Paradas y paradas de metro. Y como soy una cerda, me manché mucho la camiseta. Toallitas húmedas. Es la clave. Caminar. Sácame aquí con esto de fondo, que se vea que estoy en tierras enemigas paseando este amor alonsil. Un grupo de italianos te para. Algo así como: "jshdk chi Alonso pichi sifd bambino". No sé qué me has dicho, pero mucho amor para ti. Guiño, guiño.
Siguiente y penúltimo día. Hay que acabarlo ya. Candem Town. Coño, aquí murió Amy y sin saberlo. Candem Town. Candem Town. Candem... Eres mi puta ruina. Bon Jovi, The Beatles, Green Day y su fucking mother. Mucho amor. Muchísimo amor. Mucho desperdicio. Gastar. Sin pensar. Gastar. Con amor. Vayamos a Abbey Road. Ay, cuánto amor. Ahora lo entiendo todo... es el único paso de cebra en estos mundos. Y pisar donde pisaron ellos. Y pisar donde pisaron millones y millones de famosos. ¡La avalancha que mató a Mufasa! Ahora... ¡al Callejón Diagon! Póngame una varita con centro de dragón, por favor. Bien, espero. Y de mascota... un gato, gracias. Señor, no se ría, estoy sacándome fotos junto a mi amigo Ron. Otro metro. Esos nos persiguen, qué mal rollo. Castillos. Ruinas. Y de vuelta al London Bridge. Sin perder las costumbres.
Último día. Hay que aprovechar. ¿Encontraremos hoy Hyde Park? Pues sí. ¿Es esto? Bueno... pues... decepción. Mira, unos caballos. Unos caballos mezclados entre los coches. Genialoso. Cojamos el metro y vayamos al centro. Hostia, hostia, hostia. Mira ese cartel. ¡ES LLORENTE! Tres años mentales. Una foto, una sonrisa, emoción. Y qué más da que la gente se te quede mirando. ¡ES LLORENTE, SEÑORES! Ahora cojamos un bus. Sin rumbo. El primero. Pero, por favor, que tenga la publicidad de Rupert y/o Harry Potter. Eso es imposible. Bueno, pues el primer bus... Ahí, arriba del todo, alante. Amor para todos. Y ahora vamos a Covent Garden otra vez, a cambiar divisas. Volvamos, es tarde, tenemos que dormir para madrugar y coger el avión... Metro y... ¡se para! El conductor habla. Como no me hables más lento no entiendo un cojón. Dios mio, nos va a arrollar el próximo metro. Dios mio, es hora punta. Dios mio, no respiro. Dios mio, será una bomba. Dios mio, me desmayo. Dios mio... veinte minutos infernales y volvemos a andar. Suplicio. No quisiera morir el último día. No, no, no. A casa. Hacer la maleta. Prepararlo todo. Mucho amor al aeropuerto de Londres. Mucho amor a todo el mundo. ¡Mierda! He perdido mi pinza del pelo en estos mundos. Cómprame ese separa-páginas de Rupert. Mierda, que no tenemos pounds ni ná. Avión. El Dragon Khan. Y se abre la puerta. Abrazos. Y, por supuesto, unos grandes bocadillos de jamón serrano, un buen plátano y un buen croissant. Al fin y al cabo, como la comida española no hay nada.
See you soon, England.
lunes, 3 de octubre de 2011
London, part IV.
Quiero acabar ya. ¿Terminaré algún día de narrar mis aventuras inglesas? Porque cansa. Cansa mucho. Me autocanso. Veamos, día... ¿en qué día estamos, cojones? Cuarto, parece. Sí, cuarto. Y sino qué más dará. Estoy con fiebre. Ahora digo, no allí. Entendido, bien.
Cojamos el metro, sin parada. Bien, a ver qué nos depara el día. Y entonces te giras y ves ese magnífico mapa en el transporte público. Emoción. Mira, mira, sin quererlo hemos encontrado el Museo de Historia Natural que tanto estábamos buscando. Ah, si es que con sólo oir el nombre recuerdo esa magnífica infancia viendo todas las tardes en el sofá esa película en la que no paraban de nombrar este museo. No recuerdo el nombre, qué más da.
Cola. Mucha cosa. Muchísima cola. Y comienza el viaje. Madre mía, esto es eterno, fantástico. Si se visita un museo se visita bien. Vasca, lee todas las descripciones. Ah, orgasmos con estos dinosaurios. Magnífico, espectacular. Lo que hubiera dado por vivir en esa época. Pero claro, llega un momento en el que no se puede leer todo. Jugar. Vamos a jugar cual niños pequeños. Una carrera de esperma. Genial. ¿Puedo hacer un dibujo? Fantástico. ¿Y lo colgarán? ¿Cuántos años tienes? 19. ¿Y mentales? Bah, déjame, es un dibujo espectacular. Venga, vámonos, son las 17h, llevamos desde primera hora, sin comer, sin... Mareos.
Ahora a donde nos lleve la corriente... Río arriba, río abajo. Metro a un lado, metro al otro. St. James's Park. ¡Mira una ardilla! ¡Mira otra! ¡Mira! Tía, que no las vas a engañar con cacahuetes vacíos... ¡ME HA TOCADO! Y, de esta forma, me hice amiga de una ardilla a la que llamé Squirtle. ¿Qué os parece? Fue amor a primera vista. Caminando, caminando. Buckingham Palace. La vasca dice: "Vaya vida más triste la de estos guardas". Y un hombre a su lado, en perfecto castellano: "¿Qué has hecho hoy, mi vida? Nada, estar quieto". Inquietante, sobrenatural, divino. Mira cómo los imito. Y ahora... ¡Jodamos fotos a los turistas! La mano arriba, cintura sola... No, no, sólo la mano arriba.
En la próxima entrada acabo. Lo juro. Lo prometo. En la próxima entrada os cuento cómo sobreviví en tierras enemigas paseando mi amor por Fernando Alonso en un día de carrera.
To be continued...
domingo, 4 de septiembre de 2011
London, part III.
Continuo única y exclusivamente porque mi Game Boy no está por la labor de funcionar. Bien, bueno... ¿Tercer día? Cisnes, patos y millones de palomas. Raquíticas, esqueléticas. Y un lago precioso. Hyde Park. Y el memorial de Diana. Venga, entremos. No, perdonen, señoritas, no pueden entrar sin un niño. Y, claro, mi cara: 'Qué coño... raptemos un niño'.
Una vez que nos cansamos de caminar, cogemos el metro (sin parada marcada, por supuesto) y salimos en... cualquier lugar. Hmv, veamos. Hostia, esto es el paraíso. Libros, libros y más libros. Y ahí voy yo, saliendo cargada con Green Day. Orgasmos. Coño, hay hambre, busquemos un Tesco. Dios bendiga a los Tesco. Hasta los cojones del salami, del queso y de su fucking mother. Sentémonos ahí, donde hay tanta gente comiendo. Cojona, qué sol y qué frío hace. ¿Y ahora qué hacemos? Un Madame Tussauds, claramente, lo veo.
Te recibe Jim Carrey. Haces una cola del horror para pagar. Allí ya te estás muriendo de calor, pero entre la mochila y toda la comida que llevas dentro es imposible quitarte la sudadera. Bueno, preparemos la cámara. Bajar en el ascensor... mmm. Grande. Muy grande. Y, de repente, las compuertas se abren. Un oscar gigante. Dos hombres con un micrófono. 'Eres más guapa en persona'. Nos descojonamos. Sigamos, que por allí parece que empieza. Y nos sigue el pelirrojo del micro. And walk, and walk, and walk. Perdona, ¿qué? And walk, and walk, and walk. LOL of course. El descojone padre. Daniel Radcliffe siendo un enano adorable, tocar la barba a Robert Pattinson, hacer un Voldemort (en posteriores capítulos), blaquear los dientes a Tom Cruise... 'Ay, sorry, sir'. Y me giro y, ¿sabéis quién era? Pues sí, mi amadísimo Morgan Freeman de cera. No, no hace falta decir nada. Miles y miles más. Agobios y más agobios. Y estar en la sección deportes, ver a Hamilton y correr como si no hubiera mañana. Aquí, una alonsista confesa, pero... Millones de fotos, acaparando. Ay, Mourinho, Mourinho. Sentarte con The Beatles, mirar mal a Justin Bieber y tocarle todo a Michael Jackson. Todo, sí. El maldito pasaje del terror. Maldito sea. Malditas sean las que iban delante. Soy vasca, pero no soy de piedra y no puedo ayudaros a todos, gracias de nada.
¿Un London Brige ahora? Fantástico. Acampemos aquí. Estas vistas... Y ves a un grupo de maromos, de unos veintialgo, trajeados (agüita, qué calor y no precisamente por el tiempo) jugando a... ¿LA PETANCA? Fans de vosotros.
To be continued...
sábado, 27 de agosto de 2011
London, part II.
¿Dónde nos habíamos quedado? Nos levantamos con ganas, así que vamos a... ¿Arsenal? ¿Te parece? Vale, perfecto. ¿Y esta estación tan abandonada? No, señora, no nos hemos perdido. Ya hemos visto hacia dónde tenemos que ir gracias al cartel, muy amable. Dios, ¿en este maldito lugar no conocen los atajos? No daremos la vuelta en la vida... Mira, mira, el Emirates Stadium. Y te embarga una emoción que no sabes si correrte o arrodillarte en el suelo y correrte a la vez. Letras gigantes delante del camino hacia la entrada. Una foto aquí, otra foto allá. Mmm, otra por aquí. Cuidado, cuidado, que viene un coche, tía. Venga, daremos pues la vuelta al estadio. Quería entrar, pero bueno, ésa es otra historia. Leyendo y leyendo, hasta que me pongo a entonar el himno del Manchester United y del Liverpool delante del estadio del Arsenal. ¿Qué cojones? Y tan feliz. Venga, vamos, qué cansancio. Quiero una foto en esa parada de autobús. De verdad, ¿por qué no aprendemos en España? Una parada de autobús con las caras de los jugadores del Arsenal. Subía la temperatura en ese asiento. Mucho.
Y volver sobre nuestros pasos. ¿A dónde vamos? Di un número. ¿Derecha o izquierda? Bien, pues la parada de metro seleccionada es... Aquí. Thriller, Shrek, Les Misérables. Musicales. everywhere. Y te quedas con las ganas de ir a alguno. Una vez en Covent Garden (por millonésima vez) nos pilla el jarreo monumental. Tranquilidad, paraguas había. Por Chinatown con el paraguas. Aquí las extranjeras somos nosotras. Las raras. Qué ingeniosa puedo ser a veces. Irónica también. Hambre. Merendemos. Dios, pero el banco está mojado del diluvio. Y en la carretera de al lado hay un charco de otra dimensión. ¿Es que en Londres no conocen las alcantarillas? Pero bueno, entre bocado y bocado de salami podías ver cómo los coches (taxis, básicamente), pasaban por encima del charco, formando un divertido tsunami londinense.
Volvemos a cortar la conexión. En el próximo capítulo quizás cuente mi gran amor por las ardillas inglesas. Quizás.
To be continued...
martes, 23 de agosto de 2011
London, part I.
El avión es el nuevo Dragon Khan. Eso es algo que me ha quedado muy claro. Esas risas, sumadas a la del 80% de pasajeros fueron de adrenalina, como aquella vez cuando... Bah, da igual. Sí, era la primera vez. Sí, sé que voy con retraso en cuanto a viajes se refiere. Bendita lluvia la de Londres al bajar. Y, entonces, sale ese inglés del avión, justo delante y suelta un espléndido: 'Shit!'. No te queda otro remedio que sonreir y decir: 'Fuck yeah! Por fin estoy aquí'. Perderse, preguntar, subir a un bus sin sentido, equivocarse en el metro, encontrarse con esa mujer española que con su iphone te ayuda amablemente: 'A mí también me hubiera gustado recibir ayuda cuando llegué por primera vez'. Y su marido inglés sonriendo constantemente y haciendo el esfuerzo de hablar en castellano. Bendita ciudad. Preguntar, preguntar y preguntar. Y llegar al albergue. Bueno, por fin.
Salir en Picadilly Circus. Y alucinar. 'Mira eso, joder, sale en Harry Potter'. No sé a dónde mirar, realmente. Es todo alucinante y tan diferente. Un millón y medio de cosas nuevas. De sensaciones extrañas. Y empiezas a sacar fotos sin sentido. A todo. Hasta que al mediodía se te gastan las pilas de la cámara. ¿Tan rápido? 'Mira, mira, mira, tres autobuses de Harry Potter seguidos. Dios, dios, dios'. Vale, basta, deja a la niña atrás.
Eso es... hostia, esa es The National Gallery, ¿no? Espera, voy a mirar a ver si está en nuestra lista de cosas por ver. ¿Es gratis? Sí, joder, está y, además, it's free! Vamos. Um, apasionante este cuadro. ¿Te has fijado en el detalle de Jesús? Señor, cuántas salas... Vamos a salir y comer. El Big Ben a lo lejos, Shrek ahí. Y ese extraño contador. Nuestro primer supermercado. Empecemos por chorizo. Spanish Chorizo, calidad (al que le siguieron queso, salami, jamón... Hartas. Así que... McDonald's). Te sientas en esas escaleras, espantas a un millón y medio de palomas y te pones a hablar con ese inglés tan amable. Tal que así:
- Where are you from, ladies?
- Spain, sir.
- Oh, I really like Spain. Which zone?
- Basque Country.
- Ah! Explosives?
Vamos, esa imagen de los vascos. Esa bendita imagen otra vez. Y no sabes si reir o... reir, definitivamente.
Y en el mismo día el Big Ben, el London Eye, etc... Unas vistas para correrte. Tengo una idea, tengo una idea. Vamos a... King's Cross. Por favor, por favor, por favor. Y te aventuras hacia la estación. Nada, que no sabemos dónde nos metemos. ¿En el metro? ¿En la estación? Y nosotras todas jefas caminamos buscando el maldito andén. Nada, no está. Preguntemos a la de seguridad, pues. 'Excuse me! Where is Harry Potter's platform?' Contengamos la risa ante la cara de la mujer, por favor. Vale, this way... Y llegamos y vemos semejante... Are you fucking kudding me? Están en obras y en la parte exterior han puesto un mural y el carrito. Bueno, algo es algo. Y varios niños y voy yo y me saco dos fotos. Salgo, vuelvo a ponerme, salgo, vuelvo a... Joder, qué jodida emoción, era una niña pequeña. La fantástica idea de meter la mano en la manga y simular que la plataforma te succiona el brazo. Espléndido.
¿Y os parece que lo dejemos aquí por hoy? No pretendo que entandáis todo. Además, me duele la boca. Y qué cojones, estoy de retiro espiritual.
To be continued...
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